Durante generaciones, el pox ha formado parte de la vida ceremonial de comunidades indígenas de los Altos de Chiapas, especialmente entre pueblos tsotsiles y tseltales. Hoy, este destilado comienza a aparecer también detrás de barras contemporáneas, donde bartenders encuentran en su carácter una alternativa para crear coctelería con identidad mexicana.
Su historia, sin embargo, comienza mucho antes de convertirse en ingrediente de un cóctel.
Un Destilado Ligado a los Altos de Chiapas
El pox —pronunciado aproximadamente posh— se asocia especialmente con comunidades de los Altos de Chiapas. Tradicionalmente se elabora mediante la fermentación y posterior destilación de materias primas como maíz, caña de azúcar y trigo, aunque las fórmulas pueden variar entre productores.
Más allá de su elaboración, su importancia está vinculada con su dimensión social y ceremonial. Ha acompañado celebraciones, encuentros comunitarios y prácticas rituales, particularmente en localidades como San Juan Chamula y otras comunidades de la región.
Del Ritual a la Coctelería
El creciente interés por los destilados mexicanos ha llevado al pox hacia nuevos espacios. Bares especializados y proyectos de coctelería han comenzado a utilizarlo por su perfil particular, capaz de convivir con frutas, hierbas, especias y otros ingredientes sin perder personalidad.
Este cambio también plantea un reto: llevarlo a nuevos consumidores sin reducirlo simplemente a una tendencia detrás de la barra. El valor del pox no comienza en la botella, sino en el territorio y las comunidades que han mantenido viva su tradición.
Su llegada a la coctelería contemporánea abre así una nueva etapa para uno de los destilados menos conocidos de México: una en la que tradición e innovación pueden compartir la misma copa.
