La Navidad se celebra de formas distintas según el país, pero hay un punto en común: la mesa como centro del encuentro. La cena de Navidad alrededor del mundo refleja historia, clima, religión y productos locales. Más que un menú fijo, es un ritual que combina identidad cultural y memoria familiar, donde cada platillo cuenta una historia distinta.
Europa: tradición y herencia regional
En Italia, la cena de Navidad suele ser de vigilia, conocida como La Vigilia, donde predominan los pescados y mariscos. En muchas regiones se sirven pastas, anguila y postres como el panettone.
En España, la mesa se llena de mariscos, cordero o cochinillo, acompañados de turrones y dulces de almendra.
En Francia, la Réveillon incluye platos refinados como foie gras, ostras, aves rellenas y postres elaborados como la bûche de Noël.
América: mestizaje y celebración
En México, la cena navideña combina herencias europeas e indígenas: bacalao, romeritos, pavo, tamales y ponche. Es una mesa abundante y diversa, pensada para compartir.
En Estados Unidos, el pavo asado con relleno, puré de papa y gravy es protagonista, reflejo de una tradición familiar más que religiosa.
En Perú y otros países de Sudamérica, el pavo o cerdo asado conviven con ensaladas, arroz y preparaciones locales adaptadas a la festividad.
Asia: adaptación y simbolismo
En países como Japón, la Navidad no es religiosa, pero sí social. La cena suele ser informal y simbólica; platillos como pollo frito o pasteles se han integrado como parte del ritual moderno.
En Filipinas, una de las naciones más navideñas de Asia, la cena incluye platos abundantes como lechón, arroz y dulces tradicionales, acompañando celebraciones prolongadas hasta la madrugada.
Medio Oriente y África: fe y comunidad
En regiones del Medio Oriente, la cena navideña está ligada a las comunidades cristianas locales, con platillos de cordero, arroz especiado y pan.
En Etiopía, la Navidad se celebra con ayuno previo y una comida festiva basada en guisos especiados servidos con injera, reflejando una profunda conexión entre fe y alimento.
Más que comida, un lenguaje cultural
Aunque los platillos cambian, la esencia permanece: reunirse, compartir y marcar un cierre de ciclo. La cena de Navidad alrededor del mundo demuestra que la gastronomía es una de las formas más claras de expresar identidad colectiva.
Cada país sirve su historia en la mesa, recordando que la Navidad no sabe igual en todos lados, pero se vive con el mismo sentido de comunidad.
