En mixología, el vaso no es un detalle estético: es una herramienta funcional. La forma, el grosor y la capacidad de la cristalería influyen directamente en la temperatura, el aroma y la experiencia del coctel. Elegir el vaso correcto no es una regla arbitraria, sino una decisión técnica que respeta la intención del trago.
Vaso Old Fashioned: concentración y carácter
También conocido como rocks glass, es bajo y de boca ancha. Se utiliza para cocteles cortos, intensos y servidos con hielo sólido, como el Old Fashioned o el Negroni. Su diseño permite concentrar aromas y mantener la temperatura sin dilución excesiva.
Vaso Highball: frescura y ligereza
Alto y recto, el highball está pensado para cocteles largos con mayor proporción de mixer, como gin tonic, paloma o mojito. Su altura conserva la carbonatación y favorece una sensación más refrescante, ideal para bebidas de consumo relajado.
Copa Coupe: elegancia sin hielo
La copa coupe se usa para cocteles previamente enfriados y servidos sin hielo, como el Martini o el Daiquiri clásico. Su forma evita derrames y permite disfrutar el aroma sin la volatilidad que generan copas más abiertas.
Copa Martini: expresión aromática
Icónica y estilizada, la copa martini está diseñada para resaltar aromas y presentar cocteles claros y bien balanceados. Su fragilidad térmica exige precisión: el trago debe llegar perfectamente frío, ya que no hay hielo que corrija errores.
Vaso Collins: equilibrio y volumen
Similar al highball pero más alto y estrecho, el Collins se utiliza para cocteles que requieren más espacio para hielo y líquido, como el Tom Collins. Su diseño favorece una dilución progresiva y constante.
Más que forma, intención
La cristalería correcta potencia el coctel sin modificar la receta. Un vaso mal elegido puede acelerar la dilución, perder aroma o alterar la percepción del alcohol. Por eso, en la mixología contemporánea, la elección del vaso forma parte del proceso creativo tanto como los ingredientes.
Entender la función de cada pieza es dominar el lenguaje visual y sensorial del bar. Porque un buen coctel se construye desde la receta, pero se completa en la copa.
